Fútbol

A gran velocidad el jugador debe parar la pelota, controlarla con los pies y pasarla. Al mismo tiempo no puede descuidar la visión del juego y el posicionamiento de sus compañeros y adversarios. Es en las situaciones de competición, bajo presión, donde se demuestra si el jugador ha desarrollado o no capacidades parciales de rendimiento. Síntomas posibles pueden ser:

  • Falta de sensibilidad en el manejo de la pelota
  • Gran diferencia entre el dominio de la pelota entre el pie derecho y el pie izquierdo.
  • Falta de precisión en el pase o en el control de la pelota.
  • Dificultad de control con la cabeza, en la realización de un cabezazo no puede dirigir la pelota en la dirección deseada.
  • Falta de visión general de juego, porque el jugador tiene que concentrar su atención en el control de la pelota en sus pies.
  • El portero, aunque su juego sea bastante bueno, tiene dificultades en un sector determinado; por ejemplo, inseguridad en el bloqueo de pelotas altas; los reflejos son mejores hacia un lado que hacia el otro; inseguridad despejando pelotas bajas.

Áreas específicas de rendimiento parcial en el fútbol:

  • Coordinación de la parte derecha y de la parte izquierda del cuerpo: Ésta es la condición previa para poder tratar la pelota con ambos pies. La colaboración mejorada entre los hemisferios ayuda a una automatización profunda de la coordinación de todo el cuerpo. El jugador tiene que concentrarse menos en el manejo de la pelota y tiene la cabeza “libre” para la visión del juego.
  • Coordinación entre los ojos y los pies: Es muy importante que las informaciones recibidas por los ojos llegan de manera optima a los pies. Un mejoramiento de esta capacidad parcial conlleva también una mejora del control de la pelota, el correr con la pelota y de la precisión en el disparo.
  • La coordinación entre el tronco y la parte inferior del cuerpo: Una buena movilidad en el área de la cadera es una condición previa para tener un buen equilibrio, para hacer cambios sorpresivos de la dirección corriendo y para una aceleración alta de la pelota, chutando. Muchas veces esta movilidad empieza a bloquearse debido al estrés de competición. El equilibrio del cuerpo empeora y con éste empeora también el equilibrio interno, que corresponde a las áreas mentales de “seguridad” y de “seguridad de uno mismo”. Perder el equilibrio significa perder la coordinación en general y esto ocasiona inseguridades de los movimientos.
  • La vista periférica: Si el jugador no dispone de la vista periférica tiene problemas en la percepción de los detalles cerca de los límites de su campo visual. Le resulta difícil manejar la pelota con precisión y a la vez mantener la visión general del juego.
  • La vista binocular: La percepción con ambos ojos es muy importante para la visión espacial y la evaluación de distancias. A veces existe una dominancia unilateral y fuerte de uno de los ojos. El jugador percibe principalmente con su ojo dominante. Debido a la falta de informaciones por parte del otro ojo el encéfalo no puede tomar decisiones precisas respecto a, por ejemplo objetos/pelotas que se acercan de distancias distintas o que se acercan muy rápidamente.
  • La movilidad de la musculatura ocular y la convergencia: Estas capacidades mejoran la orientación espacial y además la evaluación precisa de pelotas. Ayuda a mejorar la precisión en cabezazos, en voleas y en el control de la pelota. Los porteros pueden mejorar sus reacciones a los dos lados. .

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